miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los números no me cuadran

Que el debate teórico sobre lo que es o no es clase media es ya añoso y permanece irresoluto, es cosa consabida.  Fue antes “pequeña burguesía”, y ha despertado recelo y confianza social casi a partes iguales. Aquí, Juan Bosch la estratificó en alta, media y baja. Un baturrillo sociológico de difícil digestión, sobre todo para aquellos a quienes les basta para categorizarla con hurgarle en el bolsillo.

Como realidad, más que como concepto, la clase media ha sido puesta en el candelero por obra y gracia de unas estadísticas que parecen creadas para dummies por el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo y repetidas ante la asamblea general de las Naciones Unidas por el presidente Danilo Medina apenas este martes.

Mas que hablen los economistas de coeficiente de Gini y los sociólogos de saltos de garrocha metodológicos y de características identitarias. Y unos y otros de las contradicciones entre fuentes oficiales tan flagrantes que hacen pensar en la esquizofrenia. Al ciudadano y la ciudadana de a pie nos llaman la atención otras cosas tan palmarias como incomprensible resulta el dato que ha permitido afirmar al ministro Montás que la dominicana es una sociedad clasemediera.

¿En qué se basa el inefable funcionario para decir esto?: En un estudio de 2013 producido por el Banco Mundial según el cual –dice el MEPyD— si  la clase media es porcentualmente superior a la pobre, el país en cuestión puede ufanarse de ser lo primero y no lo segundo. Así de simple.

Transitando por ese camino de la simpleza, que no de la simplicidad, el ministro Montás concluye que el ascenso social de un hogar dominicano lo determina que ingrese al mes 51,390 pesos –tope máximo— y no 4,111 pesos.  La magia estadística borra de sopetón las angustias cotidianas, ese continuo atragantarse de necesidades insatisfechas, orfandad de servicios y carencias que reducen al ser humano a la mera condición de superviviente. Y manda a paseo cualquier intención teórico-metodológica de rizarle el rizo al informe.

Pero hay más e importante. Las publicitadas conclusiones de Montás, servidas en la mesa de la política electoral, están intencionalmente trucadas.  Entre ese 28.9 % de clase media que cambia el perfil socioeconómico dominicano, y el 25.9 % de pobres que nos irían quedando, hay un 44.3 % de población vulnerable, cuyo máximo ingreso, cuando lo logra, es de apenas 10,278 pesos. Y con eso, ya lo ha dicho el Banco Central, ni siquiera se come.

¿País de clase media? Caradurismo, diría yo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

¿Qué  decir?

El síndrome de la página en blanco no es un invento. Ocurre. Y molesta insidioso cuando creyendo que  algo tenemos que decir, se produce una especie de burbuja que se infla imparable y, con su expansión, nos relega al silencio, nos expulsa hacia los márgenes, en este caso de la pantalla de la computadora. El síndrome no es siempre momentáneo, puede durar tanto tiempo que lleguemos a no escribir jamás. 

Pero hoy, en Grecia, volvió a ganar Alexis Tsipras, el mismo de la sonrisa ancha y luminosa y del discurso vindicador de la dignidad griega frente a una troika genéticamente descreída de cualquier otra cosa que no sea la sacrosanta voracidad del capital, y a mi me han dado ganas de pergeñar estas líneas. Los despachos que "analizan" el triunfo de Syriza, dicen que fue más que nada el triunfo de Stipras, el líder que en julio pasado protagonizó un momento crucial no solo para su país y la comunidad europea, sino para esto que en occidente llamamos democracia. Ahora, y por mandato de los electores griegos, le tocará encabezar el tercer rescate de una economía que dañó la corrupción interna en connivencia con los grandes capitales locales y europeos bajo la mirada benevolente y cómplice de la troika.

En términos reales, y como lo destaca más de un analista, el nuevo gobierno de Tsipras tendrá las manos atadas, tan duras son las condicionalidades de los rescates acordados. Pero como dijera el sociólogo Ilias Yoyardis, citado por el periódico El País, el nuevo triunfo de Tsipras y Syriza puede interpretarse como la expresión del deseo de los griegos de que el rescate que los acogota sea aplicado por un político de izquierda a que lo sea por la derecha. Y eso, se mire como se mire, hace aletear la esperanza.